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Sé libre

  • Foto del escritor: andree
    andree
  • 14 sept 2020
  • 4 Min. de lectura

Actualizado: 13 dic 2025



“El problema no es ir de cama en cama. El problema es pretender encontrar el amor en donde solo huele a indiferencia, placer pasajero y lubricante con latex”.

La famosa cantaleta de “el amor se volvió complicado desde que el sexo se volvió fácil”, es tal vez el cliché más grande después de Denisse de Kalafe cada 10 de mayo. Y sin embargo, tiene mucha verdad. Podríamos incluso echarle la culpa a los tiempos modernos y a las aplicaciones móviles que no hacen del sexo más que un simple buffet o menú a la carta en donde todo es tan pasajero y fugaz.

También podríamos culpar a ese terrible afán del hombre homosexual que sigue valorando a las personas por su capacidad sexual y atributos físicos, más que por otras cosas. Pero entonces, ¿qué o quién sigue después de haber deslindado toda responsabilidad? ¿A caso el repartir culpas justifica de alguna forma nuestro comportamiento frente al uso que le damos al sexo hoy en día? ¿O es una mera excusa para deslindarnos de la responsabilidad emocional que nos lleva suplir y saciar esos vacíos con sexo?

De cualquier forma, lo que es un hecho, es que el sexo está por demás sobrevalorado. Hemos aprendido a poner en práctica todas las técnicas y mensajes que el mundo nos ha dado para que así sea. Nos hemos prestado al juego hedonista que le da al placer un papel protagónico, y que nos hace creer que tenerlo y vivirlo al máximo, es realmente lo único importante.

Con frecuencia, las personas pasamos de llenar un vacío para inmediatamente ir con el siguiente y hacer lo mismo. Llenamos espacios por un lado y destapamos otros al mismo tiempo, que nueva y desesperadamente tratamos de cubrir, y aquí es donde el sexo hace su entrada triunfal. En primer lugar, creemos que una o varias noches de sexo salvaje con diferentes personas, nos harán olvidar a ese amor, o en el peor y más ridículo de los caso, encontrarlo.

No obstante, nada está más alejado de la realidad que esa rudimentaria y arcaica forma de pensar, porque honestamente, el daño interno que traes y que te apachurra el corazón, no lo va a reparar ese sujeto que solamente te ve como una cama ardiente y que de hecho te va a dejar peor de lo que lo hizo el anterior.

Es más, ni siquiera le interesa saber lo que te pasa y muchos menos suplir ese vacío porque su atención está puesta en una sola cosa: bajarte los pantalones e irse justo antes del amanecer. Y es aquí donde justamente vuelves al inicio de circulo vicioso, que justificas argumentando que lo bailado nadie te lo quita y que al menos, fue un sexo relativamente bueno, por no decir mediocre.

“Hay experiencias que ni el mejor orgasmo del mundo puede superar. Y encontrar a alguien que te llene mucho más allá de la piel y te invite a hacer el amor, es una de ellas”.

Entonces, estándo ahí de pie, justo en donde te encontrabas al inicio, comienzas a (mal)entender que quizás el sexo casual sea un arma útil para mitigar y dejar de sentir tanto ese peso que causa tu soledad y la impotencia de no poder hacer más para encontrar ese amor que tanto buscas.

Empiezas a creer realmente que a falta de amor, lo mejor es conformarse con sexo, con burdo y vacío sexo, porque al ser un deporte que todos practican por default, ya nadie se toma la molestia de al menos esforzarse en brindar un rato de verdadero placer y de hacerlo bien. Todos se ensimisman únicamente en su hedonismo egoísta.

Te das cuenta que es más fácil buscar un acostón que supla de forma momentánea esos vacíos y que aleje esa soledad, a enfrentarla y aceptar armarte de paciencia para hacer las cosas bien y actuar en consecuencia de lo que realmente quieres encontrar: un amor que te llene, no sólo físicamente, sino mucho más allá de lo que la materia puede sentir en un orgasmo. Alguien que te haga realmente el amor.

Pero luego regresas. Vuelves a percatarte que hacer lo anterior da flojera porque implica un esfuerzo, y en estos tiempos donde todo es “fácil y rápido”, qué pereza – y qué miedo – da poner tantito de tu parte y esforzarte para obtener eso que realmente quieres llegar a sentir. Así que de nuevo de montas en ese ir y venir sexual, de orgasmos automáticos y gemidos fríos que de alguna forma, sirven como parches y curitas para tus vacíos y espacios rotos, y te vuelves a perder en un mar de encuentros fugaces.

No obstante, no todo está perdido, porque tal vez un día con algo de suerte y después de ver que ese camino no te dio ningún resultado, entiendas que el sexo por el sexo no te va a dejar absolutamente nada.

Que probablemente ese acostón te deje igual o más vacío de lo que estabas al inicio porque preferiste vivir en el engaño de creer que con carne, ibas a poder sustituir algo que es única y exclusivamente emocional, algo que ni el orgasmo más intenso del mundo puede comprar, porque hay cosas que escapan a los sentidos de la piel, pero nunca a los del corazón.

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